|
Capítulos anteriores
La última
etapa de la Vuelta a Colombia era un circuito urbano que recordaba a los
criteriums a los que tanto estamos acostumbrados, o al final de la Vuelta o
el Tour. Supongo que porque se ha puesto de moda que las grandes carreras
terminen con lo que se denomina “el paseo triunfal de los vencedores”,
aunque en éste tipo de carreras no hay paseo ningún día.
Pero como
diría mi querido Manuel Lage, ésa última etapa de Medellín dejó en mi
memoria “cuatro flashes”. El primero el inmenso gentío que se dió cita para
disfrutar de la etapa en una preciosa mañana soleada. El segundo, que nos
faltó un pelí para anotarnos la segunda etapa, el tercero, ver como un
ciclista como Mauricio Ortega se olvida después de una temporada cargada de
entrega para el equipo de las órdenes recibidas al saber que allí estaba su
novia y querer regalarle el ramo, y el último, las palabras del juez árbitro
principal cuando mandó por radio vuelta que el director de Atom se acercara
a su vehículo en mitad de la carrera.
Y si lo del
gentío ya era algo habitual y en Medellín no iba a ser menos, y lo Carlos
Andrés fué algo que hablamos en el hotel porque había que probar suerte
nuevamente, lo que me trae recuerdos más entrañables fué lo de Mauricio y
lo del Juez.
El caso de
nuestro simpático escalador es increíble. Ver a éste chico serio y sin
soltar prenda todo el año, y observar su rostro cuando apareció su novia,
es de enmarcar. ¿Como iba a llamar la atención a semejante chico por
intentar brindar la victoria a su novia, cuando desde el primer día de
carrera había dejado la piel y trabajado para sus compañeros, primero para
Gazta, luego para Giovanny o Melchor?. Cuando arrancó a 5 kms. de meta ya
sabía que era casi un milagro que llegara, pero verle rodar por el plano y
el pelotón sufriendo para cazarle, era todo un espectáculo. De haber
reservado fuerzas para el final y haber estado donde debía, quizás Ibañez
habría ganado, pero no se puede decir nada a un corredor de equipo como él,
cuando en casa y en la última etapa de la temporada y los deberes del
equipo bien cubiertos lo intenta. Bravo Ortega.
Lo del juez
árbitro fué extraordinario, porque me llamó sólo para decirme que nunca me
olvidaría y me echaría en falta en las siguientes carreras, porque “según él”,
allí nadie protesta y yo me había enfrentado durante toda la carrera. La
verdad es que es un tipo al que yo tampoco olvidaré, y no sé si tendré la
fortuna de volver a ver en alguna ocasión, pero después de las tres horas
de pelea para intentar que repescará a Gazta el día que enfermó, y de un
montón de batallas entre coches durante toda la carrera, acabamos por tener
tal feeling que seguro que si nos volvemos a encontrar nos entenderemos
desde el primer día. Lo mejor su comentario en referencia a que me había
equivocado en ir a Colombia con mi mujer, y en que no me llamaban la atención
las mujeres de allí porque las miraba de cintura para arriba y no sabía
apreciar lo mejor que está en el otro sentido. Anécdotas que una guardará
en su recuerdo, porque cuando se termina una carrera de quince días y se ha
ganado una etapa cuando parecía todo perdido, la sensación es de bienestar
y de haber cumplido con el trabajo.
La vuelta a
Colombia terminó, pero la historia del Atom 2006 tiene aún algún capítulo más
que recordar.
Continuará....
.
Capítulos
anteriores
|